San Francisco.- El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026 dejó muchas postales, pero una de las más comentadas no fue un cantante ni un bailarín profesional: fue un taquero. Un puesto de tacos real apareció sobre el escenario y detrás de él estaba Víctor Villa, dueño de Villa’s Tacos, un emprendedor con raíces michoacanas que terminó representando a millones de latinos frente a la audiencia televisiva más grande del planeta.
Durante la interpretación de “Tití Me Preguntó”, Bad Bunny caminó por una escenografía inspirada en la vida cotidiana de los barrios latinos: calles, música urbana, colores y comercio popular. Entre esos elementos apareció un carrito de tacos funcionando como si se tratara de cualquier noche en una colonia mexicana. El detalle no fue casual.
Víctor Villa, mexicoamericano, creció en una familia de origen michoacano en Los Ángeles, California. Su historia dista mucho del glamour del Super Bowl. El ahora empresario comenzó vendiendo tacos en reuniones familiares y posteriormente desde el patio de la casa de su abuela. Con el tiempo, su sazón y estilo callejero ganaron popularidad hasta convertir Villa’s Tacos en un sitio reconocido por la comunidad latina.
Su presencia en el espectáculo no fue un casting masivo. De acuerdo con lo que él mismo ha contado en entrevistas, el equipo de Bad Bunny lo buscó directamente para formar parte del show por lo que representaba: la cultura del trabajo, la comida callejera y la identidad mexicana en Estados Unidos.
La escena duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para viralizarse en redes sociales. Miles de usuarios compartieron capturas y videos celebrando que un taquero —una figura cotidiana en México— apareciera en el evento deportivo más importante del mundo. Para muchos latinos, especialmente migrantes, el momento tuvo un significado especial: ver reflejada su realidad en un escenario históricamente dominado por producciones anglosajonas.
Te podría interesar
Más allá del espectáculo, la participación de Villa tuvo un mensaje claro. El propio taquero señaló que se trataba de un homenaje al esfuerzo de las familias latinas que trabajan diariamente en oficios tradicionales. La comida mexicana, considerada patrimonio cultural, volvió a posicionarse como un símbolo de identidad, no solo gastronómica sino social.
El medio tiempo de Bad Bunny apostó por representar la vida cotidiana latina: barberías, calles de barrio, música urbana y comercio popular. El carrito de tacos funcionó como una metáfora poderosa: detrás de cada puesto en Estados Unidos, hay historias de migración, sacrificio y emprendimiento.
Hoy, la imagen del taquero en el Super Bowl ya circula en medios internacionales y plataformas digitales. Lo que para algunos fue un simple detalle escenográfico, para otros fue un reconocimiento histórico. Un negocio nacido en una casa familiar terminó en el escenario más visto del planeta, recordando a la cultura mexicana
El Super Bowl suele generar conversaciones sobre deporte y espectáculo, pero esta vez también abrió un espacio para hablar de identidad. Y en medio de luces, pantallas gigantes y estrellas mundiales, un taquero con raíces mexicanas se robó la atención global.