Monterrey.- El inminente arribo de Rodrigo Aguirre a Tigres no solo ha generado expectativa por lo deportivo, sino también por una historia personal que lo vincula directamente con el plantel felino. El delantero uruguayo mantiene un parentesco familiar con Fernando Gorriarán, actual mediocampista del conjunto universitario.
Gorriarán y Aguirre son concuños, ya que ambos están casados con hermanas. Este vínculo ha sido tema de conversación en distintas etapas de sus carreras en México, especialmente cuando defendieron camisetas rivales dentro del futbol regiomontano.
Durante la etapa en la que Aguirre militó en Rayados, y Gorriarán lo hacía con Tigres, ambos se enfrentaron en partidos de alta tensión, incluidos Clásicos Regios. En el terreno de juego, la rivalidad fue total, con cada uno comprometido con los colores que defendía.
Fuera de la cancha, sin embargo, la relación familiar siempre se mantuvo al margen de la competencia deportiva. Incluso, previo a uno de esos clásicos, ambos futbolistas fueron captados conviviendo en un asado familiar, imagen que circuló ampliamente y generó comentarios entre aficionados, al reflejar cómo la cercanía personal coexistía con la rivalidad deportiva.
Hoy, el escenario apunta a un giro completo en esa historia. Con la llegada de Aguirre prácticamente cerrada, ambos futbolistas coincidirán por primera vez en el mismo vestidor, dejando atrás la rivalidad para compartir proyecto en Tigres. Esta situación representa un hecho poco común dentro del futbol mexicano, donde la competencia y los lazos familiares rara vez se cruzan de manera tan directa.
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Más allá del parentesco, tanto Gorriarán como Aguirre han mantenido una postura profesional, separando lo personal de lo deportivo. Para Tigres, la coincidencia de ambos no solo suma una alternativa en lo futbolístico, sino también una historia particular que acompaña la dinámica del plantel rumbo al Clausura 2026.
