Santiago. – Después de que fuera reportada la reaparición del pez diablo en la presa de la Boca, en Santiago, Nuevo León, un usuario de Facebook compartió un video donde mostró de cerca las características de este ejemplar considerado invasor.
En el video se puede apreciar cómo luego de ser sacado del agua y puesto en tierra, el animal comienza a mover su cuerpo hasta finalmente quedar estático.
Apoyado con unas pinzas, el joven coloca al pez de manera que la lente de su cámara lo captara de mejor manera, mostrando claramente no solo su complexión, sino también sus colores oscuros y sus ojos azulados.
Un dato que es valioso conocer acerca de los peces diablo es la capacidad de supervivencia que tienen fuera del agua, y es que son especies que respiran aire atmosférico, lo que le permite resistir la sequía y sobrevivir varias horas fuera del agua.
Además pueden moverse por tierra hacia otros cuerpos de agua cercanos, y esto quedó en manifiesto en el video, donde se puede ver al pez intentado arrastrarse.
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¿El pez diablo puede comerse?
Sí, el pez diablo (pleco) es comestible, y de hecho, su consumo se ha promovido en varias regiones de México como una estrategia para controlar su población invasora.
Sin embargo, hay varios factores que limitan su aprovechamiento, y uno de ellos es su anatomía, ya que se trata de animales con una piel muy dura y un cuerpo cubierto de placas óseas y espinas rígidas.
Debido a su armadura, la proporción de carne aprovechable es baja en relación con su peso total, lo que reduce su valor comercial y atractivo para los pescadores que buscan ganancias rápidas.
¿Cómo llegó a México?
La principal hipótesis sobre su llegada marca que fue introducido al país para ser vendido como "limpia peceras" debido a su hábito de comer algas.
La invasión ocurrió cuando los dueños de acuarios o incluso granjas acuícolas lo liberaron intencionalmente en ríos o lagunas al crecer demasiado o al no poder mantenerlos, sin ser conscientes del enorme daño que causarían al ecosistema.
Su presencia está documentada en muchas de las cuencas más importantes de México, y su avistamiento en presas como La Boca es una señal de que la plaga continúa expandiéndose.
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