Ninfa fue abandonada por su hijo y nuera en un asilo de Monterrey; murió y nadie fue por ella

Tres meses después de la muerte de Ninfa, su hijo llamó al asilo para preguntar por ella; sin embargo, ya había fallecido. El hombre prometió viajar a Monterrey para reclamar el cuerpo de su madre, pero nunca regresó por ella.

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Monterrey. - El abandono de adultos mayores es más común de lo que uno podría pensar, y la historia de Ninfa es una prueba de ello.

La mujer llegó proveniente de Nueva York, padecía Alzheimer, una enfermedad del cerebro que deteriora la memoria y es la causa más común de demencia.

Armandina Morales Blanco, encargada del asilo María Esperanza Nuestra, en Monterrey, relató que durante los 24 años que ha trabajado en ese lugar ha sido testigo de casos de abandono de adultos mayores. 

Recordó el de Ninfa porque la mujer fue abandonada por su hijo y su nuera, quienes la internaron en la institución y nunca regresaron por ella.

El hijo de Ninfa pagó únicamente el primer mes del servicio y posteriormente dejó de comunicarse con el asilo, recuerda Armandina. Durante seis meses, el personal continuó brindándole atención y cuidados, al igual que al resto de los pacientes, a pesar de no tener noticias del familiar.

La mujer finalmente falleció y se dio aviso a las autoridades, quienes acudieron al asilo para recoger el cuerpo y establecieron un plazo de 15 días para que algún familiar acudiera a reclamarlo. Sin embargo, nadie se presentó.

“Durante esos 15 días que nos dieron de plazo le pedía a Dios que el hijo hablara o que presintiera que algo le había pasado a su mamá. Lo buscamos por celular y por redes sociales, pero nunca dimos con su paradero. 

"Fue hasta tres meses después que me habló el señor preguntando por su mamá y le di la noticia de que había fallecido el 1 de enero. El señor dijo que vendría desde Nueva York para pagar los meses de ausencia y reclamar el cuerpo de su mamá, pero jamás volvió”, narró Armandina.

Malena no quiere ser una carga 

La historia de María Elena Martínez Hernández, de 86 años, es diferente. Malena, como la llaman, decidió ingresar al mismo asilo María Esperanza Nuestra por voluntad propia, pues aseguró que no quería representar una carga para su familia.

La mujer explicó que, tras el fallecimiento de su esposo, se mudó con su hijo, su nuera y sus nietas para no vivir sola. 

Sin embargo, debido a sus dificultades para desplazarse y las complicaciones que eso implicaba para la familia, decidió pedirle a su hijo que buscara un asilo para ella. Fue entonces cuando le recomendaron María Esperanza Nuestra, donde, aseguró, ha recibido una buena atención.

“Yo le dije a mi hijo y a mi nuera: ‘Búsquenme un lugar en donde estar’, porque yo no quiero ser una carga. Mis nietas estaban estudiando y no se me hacía justo que me estuvieran cuidando, porque yo ya no podía ponerme de pie y, la verdad, es que sí era una carga para ellos”, relató Malena.

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