Refinería de Cadereyta, origen de los malos olores y el amoniaco en Monterrey

Los vientos dominantes de este a oeste transportan las emisiones desde Cadereyta hacia municipios como Guadalupe, Monterrey, San Nicolás y San Pedro.

Gases derivados del procesamiento de azufre en la refinería de Cadereyta llegan al área metropolitana favorecidos por los vientos y las condiciones atmosféricas nocturnas.
Gases derivados del procesamiento de azufre en la refinería de Cadereyta llegan al área metropolitana favorecidos por los vientos y las condiciones atmosféricas nocturnas.Créditos: Archivo ABC
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Monterrey. - El olor a huevo podrido y a amoniaco que llega por las noches al área metropolitana de Monterrey tiene un origen identificado: la Refinería Ingeniero Héctor R. Lara Sosa, en Cadereyta. Tras el fenómeno hay una planta que arrastra equipo diseñado hace medio siglo, con procesos de una generación tecnológica anterior a la que hoy existe.

La refinería, que ha enfrentado anteriormente señalamientos por contaminar, procesa crudo pesado tipo Maya, con alto contenido de azufre. Según un estudio publicado en la revista Processes, ese crudo contiene 3.57 por ciento de azufre y representa más de la mitad de la producción nacional. Ese azufre es la materia prima del problema, y la planta lo contiene con equipo que ya no está a la altura de lo que la tecnología permite.

CUATRO PROCESOS, UN MISMO OLOR

Cuatro procesos transforman ese azufre, y en cada uno el gas puede escapar. El primero es la hidrodesulfuración: la planta somete el combustible a altas presiones y temperaturas con hidrógeno para producir gasolina y diésel de ultra bajo azufre. La reacción genera sulfuro de hidrógeno, el gas que despide el olor a huevo podrido y que el olfato detecta en concentraciones mínimas. Ese gas pasa a las plantas recuperadoras de azufre, o proceso Claus, que lo convierten en azufre sólido. Ahí está el cuello de botella. Cuando sufren paros, falta de mantenimiento o exceso de carga, el excedente se quema en las antorchas y se transforma en dióxido de azufre, con olor a cerillo quemado. El amoniaco tiene otro origen. El agua que lava el crudo absorbe azufre y nitrógeno, y pasa a torres de agotamiento térmico. El calentamiento libera amoniaco, y las fallas en los sellos permiten que ese olor penetrante salga a la atmósfera. A lo anterior se suma la desintegración catalítica, que rompe las moléculas pesadas del gasóleo y libera residuos de azufre y nitrógeno.

Créditos: Archivo ABC Noticias.

POR QUÉ EL EQUIPO QUEDÓ ATRÁS ESPECIAL

La refinería opera desde 1979 y sus plantas fueron diseñadas con la tecnología de aquella época. El proceso Claus que utiliza recupera hasta 96 por ciento del azufre, suficiente para cumplir la norma mexicana, que exige un mínimo de 90 por ciento. Pero las plantas modernas, con el proceso conocido como SuperClaus, alcanzan hasta 99 por ciento. Esa diferencia es la que termina en el aire: lo que el equipo no captura sale por las antorchas y las chimeneas. 

El rezago no es exclusivo de Cadereyta. Un análisis del Sistema Nacional de Refinación muestra que plantas mexicanas, diseñadas hace más de cincuenta años para ahorrar en inversión a costa de eficiencia, quedaron atrás mientras las de Estados Unidos se modernizaban. A eso se suma el desgaste: los catalizadores pierden eficiencia por acumulación de coque y por el depósito de metales del crudo pesado, como vanadio y níquel.

La modernización ya arrancó, tarde. La Secretaría de Medio Ambiente de Nuevo León informó que dos de las cinco plantas recuperadoras de azufre están en renovación y que los trabajos tomarán todavía dos años. Mientras el equipo se pone al día, el azufre que no se procesa sigue saliendo al aire.

LA RUTA HACIA LA CIUDAD

Cadereyta está al oriente del área metropolitana, y los vientos dominantes de la región soplan de este a oeste. Por eso las emisiones alcanzan a municipios como Guadalupe, Monterrey, San Nicolás y San Pedro. El fenómeno se agudiza de madrugada por la inversión térmica: el aire se estanca cerca del suelo y concentra los gases en lugar de dispersarlos. Esa es la razón por la que el olor se siente más por la noche.

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