Monterrey.- César “N”, de 39 años, fue vinculado a proceso por su presunta participación en el delito de extorsión relacionado con las redes sociales identificadas como “Tía Paty”, utilizadas para difundir contenido que afectaba la reputación de las víctimas y exigir pagos a cambio de retirarlo, por lo que el hombre permanecerá en prisión preventiva en un Centro de Reinserción Social estatal.
De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León, durante la reanudación de la audiencia diferida celebrada este martes, el agente del Ministerio Público presentó diversos datos de prueba con los que buscó acreditar la probable participación del imputado en los hechos y se determinó iniciar un proceso penal en su contra.
Después de la resolución dictada por un juez de control, se fijó un plazo de tres meses para el cierre de la investigación complementaria.
Las investigaciones apuntan a que estas cuentas digitales habrían sido utilizadas no solo para la difusión de contenido, sino también para la presunta exigencia de pagos económicos a cambio de eliminar publicaciones que afectaban la imagen de las víctimas.
Las autoridades también indagan posibles vínculos con esquemas de reclutamiento de mujeres para la promoción de servicios sexuales, así como el uso indebido de identificaciones oficiales para suplantación de identidad.
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El pasado 25 de marzo, detectives de la Agencia Estatal de Investigaciones capturaron a César “N” junto con Astrid “N”, ambos señalados por su presunta implicación en la administración de cuentas vinculadas a “Tía Paty”.
Cabe recordar que el pasado sábado, Astrid “N”, de 33 años, ya había sido vinculada a proceso por el mismo delito, luego de que el juez considerara acreditada su posible participación. En esa misma audiencia, la defensa de César “N” solicitó la ampliación del plazo constitucional para definir su situación jurídica, lo que derivó en la reanudación del proceso este martes, cuando finalmente también fue vinculado.
El sistema digital de “Tía Paty” llegó a concentrar a más de 70 mil usuarios y operaba bajo un modelo basado en la difusión de información privada, muchas veces sin verificar.
Con el tiempo, lo que inició como una página de contenido viral evolucionó hacia una red más compleja, con canales en plataformas como Telegram donde se ofrecían distintos servicios, incluyendo la difusión de contenido y espacios exclusivos de “chismes” mediante suscripciones pagadas.
De acuerdo con denuncias de usuarios, la plataforma permitía la difusión de contenido negativo o difamatorio a cambio de dinero, lo que afectaba tanto a figuras públicas como a ciudadanos comunes y negocios locales.
Se documentó un esquema de manipulación y chantaje, en el que presuntamente se captaba a mujeres mediante engaños para posteriormente extorsionarlas. Este mismo mecanismo habría sido aplicado a otros usuarios, quienes eran presionados con la amenaza de difundir contenido sensible.
