Estados Unidos.- El secretario de Estado de EU, Marco Rubio, presentó ayer ante el Congreso de su país el plan de Washington para Venezuela, una estrategia dividida en tres fases destinada a consolidar el cambio político tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio de una administración interina.
El objetivo central, según Rubio, es evitar el colapso del país y conducirlo hacia una transición “ordenada y segura”.
La primera fase, denominada estabilización, busca impedir el caos interno mediante un fuerte control económico.
Estados Unidos incautará y comercializará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano, cuyos ingresos serán administrados bajo supervisión internacional.
Washington sostiene que esta “cuarentena” le otorga influencia para garantizar que los recursos se destinen a la población y no a redes de corrupción.
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La segunda fase, llamada recuperación, apunta a la reintegración de Venezuela al mercado global. Incluye el acceso “justo” de empresas estadounidenses y occidentales al sector energético y productivo, así como el impulso de un proceso de reconciliación nacional.
Este contempla amnistías, liberación de presos políticos y el retorno de exiliados para reconstruir la sociedad civil.
Finalmente, la tercera fase será la transición política, orientada a consolidar un nuevo orden institucional.
Rubio indicó que algunas etapas se solaparán, pero insistió en que Estados Unidos mantendrá un monitoreo constante del proceso hasta completar el cambio político en el país.
En otros hechos, Trump anuncia que Venezuela solo comprará productos hechos en EU
El pasado 7 de enero, Donald Trump anunció que Venezuela comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos, calificando el acuerdo como beneficioso para ambas naciones.
Las adquisiciones, que incluyen insumos agrícolas, medicamentos, dispositivos médicos y equipos para la red eléctrica, se financiarán con los ingresos del reciente acuerdo petrolero binacional.
Este anuncio ocurre tras confirmarse que el gobierno interino de Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo sancionado a Estados Unidos.
Trump detalló que el petróleo se venderá a precio de mercado y los fondos serán controlados directamente por su presidencia para asegurar su uso en beneficio de ambos pueblos.
Por su parte, la estatal PDVSA ratificó el acuerdo mediante un comunicado, señalando que la transacción es estrictamente comercial y transparente, bajo esquemas legales similares a los vigentes con empresas como Chevron.
Así, Venezuela consolida a Estados Unidos como su principal socio estratégico para la reconstrucción de su infraestructura energética y social.
